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MÁS ALLÁ DE LA EDUCACIÓN INCLUYENTE

Nuestra experiencia en la educación, en esta apuesta por transformar un sistema para el que solo algunos son aptos, esa que hemos asumido como proyecto de vida, nos ha llevado por caminos difíciles en los que hemos vivido, compartido y aprendido acerca de la experiencia de vida de los niños, niñas y jóvenes con alguna condición de discapacidad, así como de sus familias.

En un mundo en el que ser distinto es motivo de rechazo, segregación, censura e incluso vergüenza, nos hemos propuesto construir un proyecto educativo en el que ser diferente no sea el argumento para negarles a niños, niñas y jóvenes con alguna condición de discapacidad, su desarrollo académico y personal, la experiencia de una cotidianidad acorde a la etapa de la vida en la que se encuentran y en general su contacto con el mundo.

En este camino hemos tenido grandes avances, más allá de lo que hemos logrado con el cómo, nuestro modelo pedagógico; hemos dado saltos inmensos en el qué, ¿qué queremos que sea realmente este escenario?

Pues bueno, al principio pensamos en “integración de estudiantes al aula regular”, así empezamos a construirnos, pero resulta que nos dimos cuenta que es insuficiente, porque integrar no es garantía de un proceso de aprendizaje; así mismo, considerar que algo que se pueda llamar “aula regular” no existe, en el entendido de que cada estudiante es diferente, cada grupo de estudiantes es único e irrepetible.

Fue así como incorporamos, nos apropiamos y llenamos de contenido el concepto de inclusión educativa. En un momento en el que la mayoría de los colegios ni siquiera se planteaban la pregunta por la integración, empezamos a pensar en que la inclusión educativa suponía el desarrollo e implementación de estrategias que garantizaran una experiencia educativa exitosa en razón de las potencialidades de cada niño, niña y joven, reconociendo sus características particulares y ajustando el currículo académico y las herramientas pedagógicas. Todo esto bajo la premisa de que el modelo educativo no puede ser una barrera para que niños, niñas y jóvenes en condición de discapacidad desarrollen su potencial al máximo.

Después de más de 15 años de trabajo en el que acogimos y resignificamos la inclusión, hemos entendido algo más, necesitamos dejar de hablar de inclusión. Después de todo este camino que hemos labrado, nos hemos cuestionado la inclusión desde su mismo contenido semántico, hablar de inclusión implica hacer evidente una diferencia.

Si bien entendemos que hablar de las diferencias es fundamental para visibilizar la asimetría y segregación que viven las personas con condiciones de discapacidad en la sociedad, en nuestro colegio, donde ya se han incorporado mecanismos para atender de forma diferenciada las necesidades educativas del universo de estudiantes, la palabra inclusión ya no es necesaria, es escasa para describir nuestra propuesta educativa.

Hablamos entonces de educación para todos y todas, esto es, una educación que se ofrezca en igualdad desde la diferencia, en otras palabras, una educación que le da a cada niño, niña y joven -en condición de discapacidad o no- exactamente lo que necesita de acuerdo con su forma particular de aprender, sus fortalezas y debilidades.